Se
puede tomar el concepto de “Sociedad del Conocimiento” de Peter Drucker
expuesto en su libro La era de la discontinuidad (Drucker, 1969), donde
utilizó una serie de datos y proyecciones económicas realizadas anteriormente
por Fritz Machlup para vaticinar que, a finales de los años 70, el sector del
conocimiento generaría la mitad del PIB mundial.
Este
nuevo enfoque se caracterizaría por un cambio en la creación de valor, en los
atributos o factores que explican el consumo y en el rol de los Estados en los
procesos de desarrollo.
Lo
anterior puede verse representado por la evolución que ha tenido el PBI
mundial en cuanto a su composición
sectorial, pasando de una economía industrial productora de bienes hacia una
economía basada en el desarrollo del conocimiento, la creatividad y la
innovación que, en conjunto con otros elementos, constituyen el sector de los
servicios, llegando actualmente a representar dos tercios de su PIB. Es decir,
cerca del 67% de la producción de riqueza está representada no tanto por bienes
tangibles –como por ejemplo la producción de automóviles, maquinarias,
alimentos o incluso la minería– sino más bien por una economía basada en los
servicios, como el turismo, la innovación e investigación, el transporte, la
recreación, servicios financieros y personales en general (OMC, 2008).
La evolución de las industrias creativas se ha dado
principalmente en los países desarrollados. Es así como han volcado parte
importante de sus presupuestos y esfuerzos en potenciar la economía del
conocimiento, invirtiendo importantes recursos en investigación y desarrollo
(I+D) con el objetivo de estimular principalmente el sector de los servicios,
entre ellos las industrias creativas. Los resultados son claros y evidentes:
los países desarrollados han logrado transformar sus economías hacia sectores
donde el capital y potencial de desarrollo se centra en el conocimiento,
característica fundamental del sector de los servicios. Se constata de esta
forma que a mayor nivel de desarrollo de los países, mayor es la importancia
del sector compuesto por los servicios, alejándose así de sectores productivos
primarios relacionados, por ejemplo, con la explotación de recursos naturales,
como la agricultura o la minería. La fuerte inversión que año a año destinan
los países desarrollados en la implementación de procesos de fomento y
ejecución de I+D tiene por objeto precisamente potenciar el sector de los
servicios, como es el caso de las industrias creativas. De hecho, estudios
realizados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico
(OCDE) señalan que “no es correcto argumentar que los países ricos inviertan
más en I+D porque son ricos, sino que son ricos porque invierten más en I+D.”
(CNIC, 2007: 12).
Dicho proceso
de transformación, desde una economía industrial hacia una economía global del
conocimiento, es crucial para entender de qué manera y por qué la cultura y el
arte, gradualmente, comienzan a posicionarse en las ciencias económicas. Esto
ocurriría en la medida en que se genera el consenso de que, además de su valor
en cuanto a actividades portadoras de simbolismos y representaciones sociales,
las actividades creativas y culturales poseen también un valor económico
cuantificable, y sumado a lo anterior, se valida el reconocimiento de que el
estímulo de las industrias creativas está ineludiblemente ligado a mejoras en
el nivel de desarrollo del territorio intervenido.
Si bien la definición de industrias culturales y creativas
ha variado en el tiempo, para la Unesco, el término industria cultural se
refiere a: “Aquellas industrias que combinan la creación, la producción y la
comercialización de contenidos creativos que sean intangibles y de naturaleza
cultural. Estos contenidos están normalmente protegidos por copyright y pueden
tomar la forma de un bien o servicio”.
Las industrias culturales incluyen generalmente los
sectores editorial, multimedia, audiovisual, fonográfico, producciones
cinematográficas, artesanía y diseño (Unesco, 2006: 2).
El término industria creativa por su parte, supone
un conjunto más amplio de actividades que incluye a las industrias culturales
más toda producción artística o cultural, ya sean espectáculos o bienes
producidos individualmente. Las industrias creativas son aquellas en las que el
producto o servicio contiene un elemento artístico o creativo substancial e
incluye sectores como la arquitectura y publicidad (Unesco, 2006: 2).Cabe
aclarar que en este proyecto ambos términos se utilizarán como sinónimos.
Dichas definiciones han llevado a que los países
establezcan diversas conceptualizaciones respecto a las denominaciones de industrias
creativas e industrias culturales que, si bien es cierto que están
relacionadas, presentan diferencias principalmente respecto del tipo de
actividades que se considerarán para caracterizarla.
Esta definición de sectores es luego operativizada
en las instancias de caracterización y en la generación de instrumentos de
apoyo y políticas públicas asociadas al fomento y desarrollo de los mismos.
Para el presente estudio, consideraremos las
industrias culturales y creativas como:
Aquellos
sectores de actividad organizada que tienen como objeto principal la producción
o la reproducción, la promoción, la difusión y/o la comercialización de bienes,
servicios y actividades de contenido cultural, artístico o patrimonial (Unesco,
2010: 17).

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